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Azángaro en la historia del Perú

Según los estudiosos Bruno Medina Enríquez y Odón Cárdenas Mayta, Azángaro en principio era una “Pascana” o lugar de descanso, que luego se denominaría “Macaya”. Hasta allí llegaron las tropas incaicas, lideradas por Pachakutek, sometiendo a sus pobladores, a quienes por su espíritu aguerrido llamaron “Aswan K’aris”, o “muy hombres”. Este carácter prevaleció por muchos…



Según los estudiosos Bruno Medina Enríquez y Odón Cárdenas Mayta, Azángaro en principio era una “Pascana” o lugar de descanso, que luego se denominaría “Macaya”. Hasta allí llegaron las tropas incaicas, lideradas por Pachakutek, sometiendo a sus pobladores, a quienes por su espíritu aguerrido llamaron “Aswan K’aris”, o “muy hombres”.

Este carácter prevaleció por muchos años en tierras azangarinas y se patentó bastante antes de la gesta independentista encabezada por José de San Martín o Simón Bolívar.

Entre 1724 y 1736, por ejemplo, los Aswan K’aris se rebelaron contra los españoles, dando muerte a sus principales corregidores, los cuales abusaban de ellos. La revuelta, sin embargo, fue cruelmente reprimida, siendo varios masacrados, ajusticiados sin juicio y condenados de por vida a las mitas de Potosí y Huancavelica, así como a obrajes y panaderías.

Al año siguiente, en 1737, columnas milicianas armadas entraron en Azángaro, cometieron todo tipo de excesos y apresaron a 39 pobladores sindicados como cabecillas de la rebelión gestada poco antes en Cuzco.

Poco tiempo después apareció Pedro Vilcapaza Alarcón, hoy recordado como “El Puma Indomable”. Nacido en junio de 1741, en Morco Orco, a solo 20 kilómetros de Azángaro, Vilcapaza estudió en el Real Colegio de San Bernardo del Cusco, para luego dedicarse al comercio en la ruta Potosí-Cusco, gracias a lo cual se hizo amigo de José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru).

Con él planificó el alzamiento rebelde en contra del dominio español, dada la miseria en que tenía al poblador andino, a quien discriminaba, explotaba y humillaba a su antojo.

Su plan fue la insurrección en el Cuzco y el Altiplano, a fin de tomar Sorata. Para ello, organizaron a cusqueños y azangarinos, con la colaboración de los jefes militares veteranos Miguel Bastidas y Andrés Túpac Amaru; sin embargo, la capital de Larecaja no pudo ser conquistada.

El 4 de mayo de 1781 inició el segundo sitio de Sorata. Más de 20 mil azangarinos, represando el río de la zona para usas sus aguas como apoyo, buscaron vencer la resistencia de la ciudad; pero tampoco tuvieron éxito.

Finalmente, las fuerzas azangarinas al mando de Vilcapaza fueron vencidas en Condorcuyo, por lo que se replegaron a Puno y Huancané. Después, durante los últimos meses de 1781, se firmó la capitulación de los rebeldes que aceptaron el indulto.

No obstante, Vilcapaza y centenares de azangarinos se negaron a rendirse, levantándose nuevamente en Azángaro. Lamentablemente, tras varias acciones contra los opresores españoles, cayó derrotado, siendo después ajusticiado.
El 8 de abril de 1782, “El Puma Indomable” fue descuartizado por 8 caballos. Antes de exhalar su último suspiro, arengó a su pueblo con esta frase: «Por este Sol, aprende a morir como yo».

Durante el proceso independentista iniciado por José de San Martín en 1812, los azangarinos también jugaron un papel importante: se plegaron, sin dudarlo, a las acciones planificadas para derrocar al virreinato y contribuyeron como mejor pudieron.

De igual manera, durante la Época Republicana, participaron activamente en los principales acontecimientos del país: apoyando al Gobierno en la guerra contra Chile (1879-1883), y defendiéndose y combatiendo el terrorismo de Sendero Luminoso, etc.


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